Visitante nº
En Monseñor no hay casualidad, sino profundos manantiales providentes de una ferviente
inspiración espiritual que le congracia., siendo todo él en su valiosísima obra,
tallista, pintor, miniaturista, dorador, muralista.
Y lo es con aptitud, ingenio, maña, primor, virtud y corazón.
Así es su obra. Oxígeno romanizado, sagaz visión, prudencia y perseverancia.
Dichoso aquel que puede, con alas de ensueño vigorosas, ganar la fecunda naturaleza del
arte con la conciencia clara de lo que tan cualificado hace.